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miércoles, 28 de diciembre de 2011

TROMBOCITEMIA ESENCIAL

Drs. G. Bancalari B, C. Vits D.
Hematología Servicio de Medicina Interna
Facultad de Medicina , Hospital Clínico Regional ,
Universidad de Concepción.

HISTORIA CLINICA
Hombre de 50 años (J.R.), consultó en neurología en octubre de 1998, por presentar crisis caracterizadas por visión borrosa asociada a palidez y sudoración fría, con una duración de 3 a 5 minutos, ocasionalmente con compromiso de conciencia,  sensación rotatoria y astenia. Su examen neurológico fue normal, planteándose como primera hipótesis diagnóstica un síncope, y menos probablemente una epilepsia.  
El paciente se encontraba en tratamiento con fenitoina desde 1993, por crisis similares a las descritas, asociado al parecer, con un electroencefalograma anormal, cuadro que fue catalogado de epilepsia. Ese mismo año, había sido operado de una otitis media y se le había realizado  un estudio de VIII par y TAC de encéfalo , resultando ambos exámenes normales.
Evaluado por cardiólogo, se descartó síncope. Fue   controlado nuevamente por neurólogo en abril de 1999, con exámenes.
El electroencefalograma, las hormonas tiroideas y el perfil bioquímico fueron normales salvo unas fosfatasas alcalinas de 328U/l. El hemograma mostró un hematocrito de 38%, una hemoglobina 13,3 mg/dl, 12000 leucocitos y más de un millón de plaquetas/ml.,la presión arterial era de 140/90 mm/Hg de pie y 90/70 acostado. El resto del examen físico fue normal.  Se hospitalizó  con los diagnósticos de disautonomía y trombocitosis en estudio.  Se repitió el hemograma en el cual destacó una trombocitosis de 2120000 y la presencia de cuerpos de Howell-Jolly.  Se le realizó una ecotomografía abdominal que no mostró imagen esplénica . Para descartar un sindrome mieloproliferativo se realizó un score de fosfatasas alcalinas que fue de 0, sospechándose una leucemia mieloide crónica. Sin embargo el cariograma  no mostró la presencia de cromosoma Philadelphia.
En mayo de 1999, se le realizó una biopsia de médula ósea que fue concordante con trombocitemia esencial, iniciándose terapia con busulfan.
El 13 de abril de 2001, encontrándose transitoriamente sin busulfan, por cifras plaquetarias normales(270000 el 11/4/2001), ingresó a UCI con un infarto de pared inferior y lateral que reperfundió espontáneamente.  El primer hemograma de UCI mostró 422000 plaquetas, manteniendo cifras similares durante su hospitalización. Un ecocardiograma realizado posterior al alta, mostró hipoquinesia de la pared posteroinferior y función ventricular conservada.
En abril del 2002 se le realizó un test de esfuerzo que fue normal.
El paciente continúa en control en policlínico de hematología, se encuentra asintomático, con desaparición de los episodios sincopales desde julio de 1999 y no ha requerido de terapia con busulfan desde marzo 2002, por mantener cifras plaquetarias normales.  
DISCUSION
Frente a una trombocitosis de reciente diagnóstico debemos plantearnos la posibilidad de que nos encontremos ante un desórden hematológico de tipo clonal o bien de una trombocitosis secundaria.
Entre los transtornos mieloproliferativos, debemos hacer el diagnóstico diferencial entre trombocitemia esencial,  policitemia vera, leucemia mieloide crónica y mielofibrosis. (Ver  Tabla I)
TROMBOCITOSIS SECUNDARIAS
Existen múltiples causas de trombocitosis secundarias, que rara vez superan el millón por mm3, las cuales pueden dividirse según sus causas en :
INFECCIOSAS
Hematológicas no malignas:
  • Hemorragia aguda
  • Anemia hemolítica
  • Anemia ferropénica
  • Tratamiento del déficit de vitamina B12
  • Rebote post tratamiento de púrpura trombocitopénico idiopático
Quirúrgicas:
  • Esplenectomía
  • Otras cirugías
 Neoplásicas:
  • Enfermedad de Hodgkin
  • Linfomas
  • Carcinomas
  • Cáncer metastásico
Enfermedades inflamatorias agudas y crónicas:
  • Artritis reumatoidea
  • Enfermedad de Kawasaki
  • Polimialgia reumática
  • Enfermedad celiaca
  • Cirrosis hepática
  • Sarcoidosis
 Daño tisular extenso:
  • Quemaduras
  • IAM
  • Trauma severo
  • Pancreatitis aguda
  • Cirugía de revascularización coronaria
 Medicamentosa:
  • Vincristina
  • Epinefrina
  • Post ejercicio o stress
  • Asplenia
EVALUACION INICIAL
Una vez que se ha confirmado la trombocitosis, con hemogramas repetidos y frotis periféricos, debe realizarse una historia y un examen físico detallados.  Si existen registros previos se debe intentar determinar la duración del problema.  Es necesario realizar una anamnesis dirigida buscando antecedentes de traumas o cirugías recientes, esplenectomía, síntomas o signos sugerentes de inflamación o infección, historia presente o pretérita de hemorragias, trombosis o ferropenia, diagnóstico previo de desorden mieloproliferativo, baja de peso, astenia y/u otros síntomas sugerentes de una neoplasia.
Además del hemograma y frotis periférico  debe solicitarse una ferritina.  Esto nos permite descartar una ferropenia.  La presencia de cuerpos de Howell-Jolly sugieren asplenia.  Un hemograma con desviación a izquierda orienta hacia un cuadro infeccioso.  Son también de gran utilidad diagnóstica la PCR, VHS y el fibrinógeno plasmático.  Si todos estos exámenes no nos permiten un diagnóstico definitivo, es imprescindible realizar un mielograma y eventualmente una biopsia de médula ósea.
CONCLUSION 
Se presenta el caso de un paciente con historia de larga data de crisis sugerentes de patología neurológica, quien se encontraba en tratamiento con fenitoina desde 1993, por el diagnóstico presuntivo de epilepsia .    Seis años después, un estudio de laboratorio  básico, permitió encontrar la causa de su sintomatología.  Una vez documentada la presencia de trombocitosis, el elevado número de plaquetas,  la falta de síntomas y signos sugerentes  de otras patologías y la biopsia de médula ósea, orientaron hacia un transtorno hematológico clonal, concordante con una trombocitemia esencial (Ver criterios  diagnósticos de Polycythemia Vera Study Group).  La ausencia de bazo sugerida por la presencia de cuerpos de Howell-Jolly se confirmó con una  ecotomografía. Si bien, la asplenia por si misma es una causa de trombocitosis, en este caso se plantea que sería secundaria a múltiples infartos esplénicos los cuales podrían explicarse básicamente porque en los transtornos mieloproliferativos  puede producirse trombosis de la vena hepática, cava inferior,  porta o esplénica. No hay signos que sustenten la posibilidad de agenesia esplénica ya que esta se acompaña prácticamente siempre con otras alteraciones congénitas como por ejemplo transposición de grandes vasos, estenosis o atresia de la arteria pulmonar, aurícula única etc, además de anomalías de situs viscerales. Estos pacientes suelen fallecer a temprana edad por falla cardiaca. Existe otra entidad estrechamente relacionada con la anterior pero de mejor pronóstico y que se da más frecuente en mujeres, denominado poliesplenia.  Cualquiera de estos defectos  habrían sido detectados durante el estudio.
Por otro lado tenemos la intensa plaquetosis la cual no se puede explicar sólo por la asplenia ya que, si bien esta puede existir en el periodo post operatorio inmediato, el número de plaquetas tiende a estabilizarse en cifras no mayores a 800000/ml.
Como ha sido analizado en el diagnóstico diferencial, la trombocitosis (que a veces clínicamente pasa desapercibida) puede ser causada por múltiples patologías.  Incluso puede ser la manifestación inicial de  patologías potencialmente graves.  Un estudio básico de laboratorio permite un buen acercamiento diagnóstico.
La trombocitosis reactiva puede ser causa o consecuencia de hemorragias, pero rara vez se asocia a fenómenos trombóticos o hemorrágicos. No ocurre lo mismo con la trombocitemia esencial  la cual puede manifestarse por accidentes vasculares encefálicos, crisis isquémicas transitorias, oclusión venosa o arterial retiniana, fenómenos coronarios, embolias pulmonares, trombosis de la vena porta, trombosis venosa profunda , isquemia digital ( la cual puede manifestarse como fenómeno de Raynaud) que puede provocar la necrosis de la falange distal y eritromelalgia.
Las manifestaciones hemorrágicas son relativamente frecuentes.  El riesgo está significativamente relacionado con trombocitosis extrema (recuento plaquetario > a 1 millón) así como al uso de aspirina en dosis > de 325mg/día . Si bien, tradicionalmente se ha considerado la trombocitemia esencial como un desórden clonal, un estudio realizado por C. Harrison y colaboradores demostró que el 56% de los pacientes presentaba una mielopoiesis policlonal lo cual se asociaba a un menor riesgo de fenómenos trombóticos.
La trombocitemia esencial fue el último cuadro que se reconoció como entidad mieloproliferativa peculiar y su incidencia va en aumento. Inicialmente se consideró un proceso hematológico raro, sin duda el menos frecuente de los sindromes mieloproliferativos.  La introducción de los contadores automatizados en el recuento de plaquetas ha permitido el diagnóstico de formas con sintomatología discreta o ausente.
Por último hay que destacar que el tratamiento de la trombocitosis debe dirigirse hacia la patología de base.

TROMBOCITOSIS


  • El recuento de plaquetas normal en un adulto varía entre 150.000 y 450.000. La trombocitosis puede definirse como un recuento plaquetario por encima de las 450.000 plaquetas/microL.
  • El primer paso alvalorar este dato de laboratorio es diferenciar entre una trombocitsis reactiva y otra autónoma dependiendo de un proceso mieloproliferativo o meilodisplásico.
    • La Trombocitosis reactiva: es mucho más frecuente y sus causas son varias: infecciones, postesplenectomía, malignidad, trauma, inflamatoria, pérdidas sanguíneas, trombocitosis de rebote e idiopática.
    • Trombocitosis autónoma: Los pacientes con leucemia mieloide crónica, metaplasia mieloide, policitemia vera, síndrome mielodisplásico o leucemia mieloide aguda pueden presentarse ocasionamente con trombocitosis como rasgo importante. Así todos los pacientes en los que no se ha posido identificar un fenómeno reactivo requieren un exámen de médula ósea.
    • La trombocitemia esencial se diagnostica cuando todas las causas de trombocitosis reactiva así como las causas de trombocitosis autónoma han sido excluidas, pues no hay rasgos patognomónicos de la trombocitosis esencial.


Trombocitosis: diagnóstico y tratamiento 
Se presenta una actualización amplia sobre su fisiopatología, diagnóstico y tratamiento de las trombocitosis clonal y reactiva.

Dres. Landolfi R, Marchioli R, Kutti J, Gisslinger H
Department of Medicine, University of Pennsylvania School of Medicine and University of Pennsylvania Health System, Filadelfia. EE UU. 
N Engl J Med. 2004 Jan 8;350(2):114-24


Causas mayores de trombocitosis
Trombocitosis reactiva (secundaria)
En general, la causa más común de trombocitosis en la población médica general es un proceso reactivo o secundario. El grado de elevación del recuento plaquetario no permite diferenciar claramente la trombocitosis reactiva de la clonal. En una serie de 732 pacientes clínicos y quirúrgicos con recuento de plaquetas de 500.000/mm3 o más, 643 (88%) tenían una trombocitosis reactiva; las causas subyacentes más frecuentes fueron el daño tisular por cirugía mayor, infección, cáncer e inflamación crónica. Del mismo modo, en una serie de 280 pacientes hospitalizados consecutivos con recuentos plaquetarios de 1 millón/mm3 o más, 231 (82) tenían trombocitosis reactiva, 11 (4%) trombocitosis de causa desconocida y solo 38 (14%) presentaban un trastorno mieloproliferativo.
La trombocitosis reactiva deriva de la elevación de los niveles endógenos de trombopoyetina, interleucina 6, otras citocinas o, las catecolaminas que pueden estar producidas por procesos inflamatorios, infecciosos o neoplásicos o, también, en situaciones de estrés.
En la mayoría de los pacientes aparecen síntomas clínicamente significativos de una enfermedad sistémica activa subyacente. Sin embargo, en otros, la trombocitosis secundaria puede estar causada por trastornos subclínicos como el cáncer oculto. Este último grupo de pacientes es el que presenta el problema diagnóstico más difícil para el clínico. Antes de hacer el diagnóstico de trombocitosis clonal (mieloproliferativa), cuyo diagnóstico casi siempre es por exclusión y tiene consecuencias terapéuticas diferentes, el clínico debe confirmar que el recuento plaquetario elevado no se debe a una enfermedad subyacente oculta pero potencialmente tratable.
Trombocitosis familiar
Los casos raros de trombocitosis familiar fueron inicialmente descritos como un trastorno autosómico dominante en el cual las mutaciones con actividad funcional del gen de la trombopoyetina provocan la hiperproducción de trombopoyetina y una elevación notable de sus niveles plasmáticos. Estas formas de trombocitosis familiar son un ejemplo del mecanismo genético de la enfermedad descrito recientemente, el que se caracteriza por la pérdida de la inhibición traslacional, provocando una mayor eficacia de la traslación del mRNA. Sin embargo, en la actualidad también se reconocen otros modos de herencia, en los cuales los niveles de trombopoyetina son normales, de manera que, desde el punto de vista genétic,o la trombocitosis familiar es un trastorno heterogéneo. Además, dado que estos pacientes pueden tener complicaciones trombóticas y vasculares, es posible que algunos casos de trombocitemia esencial esporádica sean formas familiares.
Trombocitosis clonal
La trombocitemia esencial es uno de los trastornos mieloproliferativos crónicos, un grupo de trastornos relacionados con la policitemia vera, la leucemia mielógena crónica y, la metaplasia mieloide con o sin mielofibrosis. La trombocitosis no se produce exclusivamente en la trombocitemia esencial, sino que también puede ocurrir en otros trastornos mieloproliferativos, en particular la policitemia vera. Por otra parte, algunos casos de trombocitemia esencial en realidad representan una entidad de reciente identificación que es la mielofibrosis prefibrótica, la cual evoluciona hacia la mielofibrosis manifiesta. La trombocitosis también puede asociarse con el sindrome mielodisplásico 5q, caracterizado por la deleción del brazo largo del cromosoma 5 y es uno de los sindromes denominados mielodisplásico y mieloproliferativo mixtos. El recuento de plaquetas elevado en la trombocitemia esencial y otros trastornos mieloproliferativos está provocado por la trombocitosis clonal
Clonalidad
La clonalidad de estos trastornos ha sido demostrada utilizando marcadores polimórficos ligados a X en  pacientes mujeres. Estudios recientes demostraron que la trombocitemia esencial no siempre es clonal. Estos hallazgos destacan la posibilidad de que la enfermedad no clonal pueda evolucionar hacia la enfermedad clonal, que la clonalidad está restringida en algunos pacientes al linaje megacariocítico o, que la trombocitemia esencial es un trastorno heterogéneo. Debido a la dificultad en la interpretación de los ensayos de clonalidad, estas pruebas no tienen aplicación clínica con fines diagnósticos.

sábado, 24 de diciembre de 2011

NAVIDAD


Mientras haya en la tierra un niño feliz,
mientras haya una hoguera para compartir,
mientras haya unas manos que trabajen el pan,
mientras brille una estrella, habrá Navidad.
Navidad, Navidad, en la nieve y la arena.
Navidad, Navidad en la tierra y el mar (bis)
Mientras haya unos labios que hablen de amor,
mientras haya unas manos cuidando una flor,
mientras haya un futuro hacia donde mirar,
mientras haya ternura, habrá Navidad.
Navidad, Navidad, en la nieve y la arena.
Navidad, Navidad en la tierra y el mar (bis)
Mientras haya un herido dispuesto a olvidar,
mientras haya un caído a quien levantar,
mientras pare la guerra y se duerma el cañón,
mientras cure el herido, habrá Navidad.
Navidad, Navidad, en la nieve y la arena.
Navidad, Navidad en la tierra y el mar (bis)

jueves, 22 de diciembre de 2011

linfangitis carcinomatosa secundario a cáncer de páncreas


Varón de 57 años con disnea acompañada de tos con expectoración mucosa,sensación febril y descenso de peso. Lo invitamos a compartir sus diagnósticos diferenciales.

IntraMed

Presentación del caso clínico: Dra. María Constanza Vicari
Enfermedad actual: Varón de 57 años que comienza 4 meses previos con disnea a moderados esfuerzos que progresa hasta presentarse en reposo, acompañada de tos con expectoración mucosa abundante y sensación febril. De igual tiempo de evolución refiere pérdida de peso de aproximadamente 18kg con apetito conservado, sensación febril y episodios de sudoración profusa nocturna.

Por dicho cuadro es internado en su localidad de origen, donde realiza tratamiento sintomático con corticoides y broncodilatadores. Presenta mejoría parcial, siendo externado 48 hs previas al actual ingreso.

De 12 horas de evolución exacerba su sintomatología, motivo por el cual consulta y se decide su internación.

Antecedentes personales: 
-       Tabaquista 30 cigarrillos/día por 20 años
-       Apendicectomía

Estudios realizados en internación previa (marzo 2011):

         -Espirometría con patrón obstructivo, VEF1 51.8%,  respuesta a B2 12%

         -TC de tórax (17/03/11): Tenue opacidad intersticial bilateral difusa con patrón retículonodulillar, sin definirse  consolidaciones netas. Refuerzo en la vasculatura, engrosamiento del manguito peribronquiovascular (Imagen 1).

          -Broncofibroscopía: Puntillado blanquecino bronquial. Biopsia de mucosa bronquial: negativo para células neoplásicas.

         -Cultivos: Lavado bronquioloalveolar negativo para células neoplásicas, BAAR y gérmenes comunes.
        
Examen físico:
Paciente vigil, orientado en persona, tiempo y espacio.

Signos vitales: PA: 110/60 mmHg, FC: 126 lpm, FR: 40 rpm, T: 37,6ºC.

Cabeza y cuello: Conjuntivas pálidas, escleras blancas. Pupilas isocóricas reactivas. Piezas dentarias en regular estado. Lesiones ulceradas en úvula.

Ap. cardiovascular: Ruidos normofonéticos, sin soplos, R3 ni R4.

Ap. respiratorio: Respiración costo abdominal, tiraje  intercostal y supraclavicular. Murmullo vesicular disminuido. Sonoridad conservada. Vibraciones vocales conservadas.

Abdomen: Globuloso. Cicatriz en fosa ilíaca derecha. Ruidos hidroaéreos conservados, no se palpan visceromegalias. Timpanismo conservado. Examen proctológico sin alteraciones. Puño percusión negativa bilateral.

Miembros: 
Tono, trofismo, fuerza, temperatura y pulsos conservados. Acropaquias bilaterales (Imagen 2)

Neurológico: Funciones superiores conservadas. Pares craneales, sensibilidad y motilidad activa conservados. Signos meníngeos negativos. Reflejos osteotendinosos simétricos. Respuesta plantar indiferente

Genital: Pene con lesiones hiperpigmentadas en glande, maculares. Escroto sin lesiones, testículos en bolsas.

Exámenes complementarios:
 Ingreso Día 4 Día 9
 Hemoglobina (g/dL)11,4 10,912
 Hematocrito (%) 373636
Leucocitos (cel/mm3)8240 9350 10000
Plaquetas (cel/mm3)  732.000740.000 750.000
Glicemia (mg/dL) 110 111  
Uremia (mg/dL)33 31 68
Creatininemia (mg/dL)  0,73 0,56 1,33
Natremia (mEq/L)137 142144
Kalemia (mEq/L)3,93,5 3,3
Bilirrubinemia total (mg/dL)  0,480,24
ASAT (UI/L) 1919
ALAT (UI/L)  109
FAL (UI/L)  317 261
GGT(UI/L) 47 49
Colinesterasa (UI/L)   3900
VES (mm/1ºh)80  
LDH (UI/L)   1059
Albuminemia (mg/dL)  2,1
Proteinemia total (mg/dL)  5,4
Estado ácido-base:
 Ingreso Día 4 Día 9
pH 7,42  7,43 7,39
pCO2 (mmHg) 37 3935
pO2 (mmHg) 4951,662
EB-0,5 1,70
HCO3 real (mEq/L)242621
Saturación Hb (%)858891
FiO221%21%21%
Líquido pleural:
Aspecto Límpido
pH 7,44
Glucosa (mg/dL) 1.27
Proteínas totales (g/dL) 33
Albúmina (g/dL) 16
LDH (UI/L) 234
Recuento celular (elementos/mm3)1155
(70%PMN, 20% células, 10% MN)
 
Cociente prot.liq/suero 0.76
Cociente LDH liq/suero0.22
Orina completa: pH: 5,5, densidad: 1030, proteínas +, hemoglobina: indicios. Sedimento: aislados hematíes, escasos leucocitos, sin piocitos.

ECG: Ritmo sinusal, FC: 80 lpm, AQRS: +160º, onda P 0,08 seg, intervalo PR: 0,12 seg, QRS: 0,10 seg, QT: 0,40 seg, segmento ST: isonivelado. Imagen de bloqueo focal a nivel de AVL.

Radiografía de tórax de frente: Índice cardiotorácico conservado, infiltrado bilateral reticulonodulillar de vértices a bases, simétrico. Fondos de saco libres. Sin alteraciones del marco óseo (Imagen 3).

TC de tórax de alta resolución:
•         Engrosamiento pleural a nivel de vértice izquierdo y campo medio derecho (Imagen 4).
•         Infiltradoreticulonodulillar bilateral (Imagen 5).
•         Patrón de árbol en gemación (Imagen 5).
•         Áreas de vidrio esmerilado (Imagen 5).
•         Derrame pleural izquierdo (Imagen 6).

TC de abdomen sin contraste: Adenomegalias retroperitoneales (Imagen 7).

Esputos para BAAR y gérmenes comunes: Negativos (3 muestras).

Esputos para micología: Crecimiento delevaduras (en tipificación).

Hemocultivos: 1de 2 positivo para E coli sensible a cefepime, amikacina, colistin, gentamicina, carbapenem.

Test rápido para HIV: 
Negativo

Evolución: Presentó deterioro progresivo de la función respiratoria. Se realiza nueva radiografía de tórax observándose progresión de los infiltrados y derrame pleural izquierdo (Imagen 8). Se decide iniciar tratamiento empírico con antibacilares y anfotericina. Presenta sibilancias bilaterales, por lo que se indica tratamiento con hidrocortisona, presentando leve mejoría. Se constata en uno de dos hemocultivos crecimiento de E. Coli, por lo que inicia tratamiento con cefepime. Se realiza biopsia pleural la cual no fue representativa,  y toracocentesis evacuando 1000 ml de líquido serofibrinoso. Persiste con disnea a mínimos esfuerzos.

Estudios pendientes:
-       TC de tórax, abdomen y pelvis con contraste.
-       Citología de líquido pleural.
-    Cultivo de líquido pleural para BAAR, gérmenes comunes y micología.
-       Punción biopsia de adenopatía retroperitoneal.
-       Biopsia pulmonar por toracoscopía.
-       Serología HIV.
-       Laboratorio inmunológico.
Imágenes
TAC de tórax (corte axial, ventana pulmonar): Tenue opacidad intersticial bilateral difusa con patrón retículonodulillar, sin definirse consolidaciones netas. Refuerzo en la vasculatura, engrosamiento del manguito peribronquiovascular.
Examen físico miembro superior: acropaquias bilaterales 
Radiografía de tórax de frente: Índice cardiotorácico conservado, infiltrado bilateral reticulonodulillar de vértice a base, simétrico. Fondos de saco libres. Sin alteraciones del marco óseo 


TAC de tórax (corte axial, ventana pulmonar): engrosamiento pleural a nivel de vértice izquierdo


TAC de tórax (corte axial, ventana pulmonar): infiltrado reticulonodulillar bilateral, patrón de árbol en gemación, áreas de vidrio esmerilado

TAC de tórax (corte axial, ventana pulmonar): consolidación pulmonar basal izquierda y derrame pleural izquierdo
TAC de abdomen sin contraste: adenomegalias retroperitoneales
Radiografía de tórax de frente: progresión de infiltrado bilateral reticulonodulillar y derrame pleural izquierdo
ÍNDICE 
Discusión y resolución
Presentación del caso
Discusión y resolución
Discusión del caso clínico: Dra. María Virginia Vadalá
Se presenta el caso de un paciente varón de 57 años, tabaquista, que consulta por un cuadro de 4 meses de evolución de disnea progresiva, tos productiva, pérdida de peso, astenia, sensación febril y sudoración nocturna. Como hallazgos de laboratorio presenta trombocitosis, aumento de la velocidad de eritrosedimentación y LDH, e hipoxemia. Dentro de los estudios solicitados presenta en la espirometría un patrón obstructivo reversible; infiltrado reticulonodulillar en parénquima pulmonar y adenopatías retroperitoneales en la tomografía axial computada; cultivos negativos para BAAR y gérmenes comunes en muestras de esputo y lavado bronquioloalveolar, y biopsia de mucosa bronquial negativa para células neoplásicas.

La sintomatología y los datos de laboratorio son inespecíficos, por lo que considero a los hallazgos radiológicos como la clave para arribar al diagnóstico.

Tanto patologías agudas como crónicas pueden cursar con un patrón reticulonodulillar (1). Dado el tiempo de evolución del cuadro clínico del paciente, consideraré estas últimas.

Las neumonías intersticiales crónicas son un grupo heterogéneo de procesos caracterizados por un infiltrado inflamatorio intersticial y deposito anómalo de fibras de tejido conectivo que conducen a la fibrosis pulmonar (2). Dado que nuestro paciente presenta adenopatías retroperitoneales significativas, las cuales no suelen asociarse a esta patología, considero la posibilidad de esta entidad como un diagnóstico alejado.

Algunas colagenopatías, como artritis reumatoide o esclerodermia tienen afectación pulmonar de tipo intersticial. La ausencia de síntomas característicos de compromiso de otros órganos como piel y articulaciones, alejan también a este grupo de enfermedades como diagnóstico a considerar.

Teniendo en cuenta la presencia de adenopatías retroperitoneales asociadas al compromiso pulmonar de nuestro paciente, debemos considerar las siguientes patologías: sarcoidosis, linfoma, linfangitis carcinomatosa, carcinoma bronquioloalveolar, tuberculosis miliar y micosis profundas.

La sarcoidosis es una enfermedad granulomatosa idiopática multiorgánica que afecta principalmente al pulmón (90%), ganglios (70 – 90%), ojos y piel. La clínica es variable, pudiendo cursar de manera  asintomática, presentarse de forma aguda o subaguda con síntomas respiratorios (tos, disnea) y generales (anorexia, pérdida de peso, astenia, sudoración), o cuadros crónicos insidiosos con predominio de síntomas respiratorios. Radiológicamente se presenta en 4 estadios evolutivos relacionados con el pronóstico de la enfermedad, de acuerdo al grado de afectación de ganglios hiliares y la extensión del infiltrado reticulonodulillar (predominantemente en zonas superiores), con fase final de fibrosis pulmonar. La tomografía caracteriza mejor la afectación pulmonar con múltiples hallazgos: linfadenopatíashiliares y mediastinales, engrosamiento irregular del paquete broncovascular, engrosamiento de pared bronquial, vidrio esmerilado, nódulos subpleurales, peribronquiales y perivasculares, bronquiectasias por tracción, quistes y fibrosis (3).

La clínica y los hallazgos imagenológicos de nuestro paciente son compatibles con esta enfermedad, pero la ausencia de compromiso de otros órganos y de adenopatías hiliares sumado a la presencia de diagnósticos alternativos más probables, ubican a esta patología última en la lista de posibilidades etiológicas.

El carcinoma bronquioloalveolar representa el 2 – 6% de los tumores pulmonares primarios. Se lo considera un subtipo de adenocarcinoma pulmonar. Característicamente se ubica en la periferia y crece a lo largo de septos alveolares intactos, con propagación linfática y  bronquial, con el consecuente desarrollo multicéntrico y arquitectura pulmonar conservada. El tabaquismo y la presencia de cicatrices se consideran factores de riesgo. Se presenta con tos, disnea, pérdida peso, hemoptisis, fiebre y más raramente broncorrea. Metastatiza fundamentalmente al pulmón contralateral, hueso y glándula suprarrenal. La presentación radiológica es variable: nódulo solitario periférico, consolidación lobar,  nódulos multifocales e imágenes intersticiales. El 5 - 20% desarrolla derrame pleural y el 15 - 30% cursa con adenopatías hiliares o mediastínicas. La edad, el antecedente de tabaquismo, la clínica y la radiología compatible hacen probable este diagnóstico.

El linfoma afecta al pulmón en forma primaria o secundaria. El linfoma pulmonar primario se caracteriza por afectación pulmonar sin evidencia de afectación extratorácica, masa mediastínica, ni de afectación de médula ósea, al menos 3 meses desde el diagnóstico. Representa menos del 1% de los linfomas pulmonares. Son de tipo no Hodgkin. Se clasifica en linfoma de bajo grado de células B (derivan del tejido linfoide asociado a mucosa del árbol bronquial), linfomas de alto grado (linfoma difuso de células grandes B) y granulomatosislinfomatoide (en inmunodeprimidos). No es habitual que se presenten con un patrón radiológico de tipo reticulonodulillar, ni tampoco explicaría la presencia de las adenopatías retroperitoneales, lo cual lo excluye como diagnóstico posible. El  linfoma pulmonar secundario, es la forma más frecuente de afectación pulmonar por esta patología. Se presenta en el 10% de los pacientes con enfermedad de Hodgkin y en el 30% de los pacientes con linfoma no Hodgkin. En ambas entidades, la afectación del parénquima pulmonar es secundaria a la afectación ganglionar mediastínica por contigüidad. La presentación radiológica es proteiforme: nódulos únicos o múltiples, masas, consolidaciones, enfermedad intersticial peribronquial y perivascular (5). Nuestro paciente presenta síntomas y hallazgos radiológicos compatibles a nivel de parénquima pulmonar. Si bien el linfoma secundario podría explicar las adenopatías retroperitoneales y la LDH elevada, la infrecuencia de esta forma de presentación y la ausencia de adenomegalias mediastinales alejarían este diagnóstico, aunque no lo descarta.

La linfangitis carcinomatosa es la diseminación intrapulmonar de una neoplasia metastásica a través de vasos linfáticos y tejido conectivo contiguo. Representa el 6 – 8% de las metástasis pulmonares. Se origina a partir de adenocarcinomas, principalmente de mama, pulmón y estómago, seguidos en frecuencia por las neoplasias de colon, páncreas y próstata. Clínicamente presenta disnea rapidamente progresiva, tos no productiva, dolor torácico y síndrome constitucional. Predomina el patrón reticulonodulillar en la radiología y es notorio el engrosamiento peribroncovascular en la tomografía (6). Estas características lo convierten en un diagnóstico probable en nuestro paciente. En este caso, cuál sería la neoplasia primaria responsable?

Por un lado, el antecedente de tabaquismo y los síntomas respiratorios podrían sugerir cáncer de pulmón, sumado al hecho de la aparición de una opacidad basal izquierda en la última tomografía realizada.

Por otro lado, las adenopatías retroperitoneales sugieren una neoplasia abdominal o pelviana, aunque el paciente no presenta síntomas ni alteraciones de laboratorio sugestivos de dicha afectación, además de contar con cortes tomográficos de abdomen y pelvis sin evidencia de masas ni otras alteraciones sugestivas de neoplasia.

Por otra parte, dada la alta incidencia en nuestro medio, ante un paciente con infiltrados pulmonares no habituales y con mala respuesta al tratamiento antibiótico, debemos considerar a la tuberculosis. La tuberculosis miliar, forma más compatible con las imágenes del caso, es la resultante de la diseminación hematógena del Mycobacterium tuberculosis y puede dar un amplio rango de manifestaciones clínicas, desde una enfermedad fulminante a un cuadro de fiebre de origen desconocido. El compromiso pulmonar es evidente en el 50%. Suele cursar con anemia de enfermedades crónicas y velocidad de eritrosedimentación muy elevada. En la radiografía suele observarse infiltrado reticulonodular (de 2 a 3 mm de diámetro) uniforme de distribución aleatoria, y en ocasiones nódulos acinares de 5 a 10 mm de diámetro. La TAC resulta más sensible para el diagnóstico, observándose los nódulos y el engrosamiento septal (7).

En nuestro paciente el foco epidemiológico está ausente, no presenta factores evidentes de inmunodepresión y se mantuvo afebril, sin síntomas y signos de afectación de otros órganos durante la internación. Sin embargo, la alta incidencia de esta enfermedad la hacen un diagnóstico posible. Si bien la búsqueda de M. tuberculosis en esputo y lavado bronquioloalveolar no arrojó resultados positivos, estos métodos son generalmente negativos en las formas miliares, que suelen cursar a bronquio cerrado.

Por último, voy a considerar las micosis profundas. Estas se dividen enendémicas y oportunistas. Las primeras son causadas por hongos que se hallan en el entorno, no siendo parte de la flora habitual, causando cocciodiodiomicosis, paracoccidiodiomicosis, histoplasmosis y criptococosis. La vía de contagio es inhalatoria diseminándose luego hacia pulmón, cerebro, ganglios y hueso más frecuentemente. Las micosis oportunistas como aspergilosis y cándidiasis son causadas por hongos que forman parte de la flora habitual del paciente, tornándose invasivas y causando infección sistémica en el contexto de inmunodepresión por distintas patologías como diabetes, neoplasias malignas, tratamiento inmunodepresor, desnutrición, HIV, neutropenia y trasplante.

Las micosis profundas son de curso crónico e insidioso, excepto en inmunodeprimidos (8). El pulmón es el órgano más frecuentemente implicado y el punto de partida de la infección sistémica. Entre los síntomas es casi constante la fiebre, además de tos, expectoración purulenta, disnea y dolor torácico.  Los hallazgos radiológicos son poco específicos, desde nódulos hasta infiltrados reticulonodulillares. Característicamente no suelen desarrollar derrame pleural.

A favor de este diagnóstico se encuentra la zona endémica para algunas de estas micosis, los síntomas y hallazgos radiográficos compatibles, y el aislamiento de levaduras en el esputo del paciente. En contra del mismo, destaco la ausencia de factores evidentes de inmunodepresión, el desarrollo de derrame pleural, la ausencia de fiebre, y la falta de afección ganglionar mediastínica. Además hay que tener en cuenta la falta de respuesta al tratamiento antimicótico instaurado.

De todas formas, este diagnóstico no puede ser descartado.
Como conclusión, estamos ante una enfermedad agresiva, con rápida progresión a la insuficiencia respiratoria y con compromiso sistémico evidenciado por la presencia de adenopatías extratorácicas, cuyas manifestaciones clínicas inespecíficas hacen difícil la distinción entre una patología infecciosa y una de origen neoplásico. La falta de respuesta al tratamiento empírico antibacilar y antimicótico, es por el momento el único dato objetivo que puede inclinar la balanza hacia una etiología neoplásica.

Debido a la rápida y posiblemente fatal progresión del cuadro, sugiero insistir en medidas que permitan arribar al diagnostico etiológico rápidamente, aunque esto implique métodos invasivos. Dentro de las alternativas, planteo la realización de una biopsia pulmonar. De no ser posible la misma, considerar la biopsia de ganglios retroperitoneales, según el estado clínico del paciente. Mientras tanto, esperar resultados definitivos de los cultivos solicitados y mantener adecuadas medidas de soporte intensivo.

Evolución del caso clínico:Presenta insuficiencia respiratoria con requerimiento de ARM. Se realiza biopsia pulmonar por toracotomía. Posteriormente presenta síndrome de falla multiorgánica con requerimiento de hemodiálisis diaria.
Luego de 10 días de internación en UTI fallece.
Biopsia pulmonar
Imagenes
Anatomía patológica biopsia pulmón (coloración con hematoxilina-eosina): Linfangitis carcinomatosa
Anatomía patológica biopsia pulmón (coloración con hematoxilina-eosina): Linfangitis carcinomatosa 
Inmunomarcación de biopsia pulmonar CDX2: POSITIVO
Inmunomarcación de biopsia pulmonar CK7: POSITIVO
Inmunomarcación de biopsia pulmonar CK20: POSITIVO
Inmunomarcación de biopsia pulmonar NAPSINA: NEGATIVO
Inmunomarcación de biopsia pulmonar TTF1: NEGATIVO
Anatomía patológica: Linfangitis carcinomatosa (Imagen 1 y 2)
Inmunomarcación:  -CDX2: POSITIVO (Imagen 3)
                                -Citoqueratina 7: POSITIVO (Imagen 4)
                                -Citoqueratina 20: POSITIVO (Imagen 5)
                                -Napsina: NEGATIVO (Imagen 6)
                                -TTF-1: NEGATIVO (Imagen 7)
La inmunomarcaciónsugiere que se trata de un adenocarcinoma metastásico de origen digestivo. En estricta correlación con el aspecto microscópico, el cáncer de páncreas impresiona ser la neoplasia primaria.

Conclusión: linfangitis carcinomatosa secundario a cáncer de páncreas

Rehidratación rápida vs. en 24 horas en niños


19 DIC 11 | Gastroenteritis
Rehidratación rápida vs. en 24 horas en niños
Estudio sobre rehidratación rápida vs. en 24 horas en niños con gastroenteritis.

Dres. Colin V. E. Powell, Stephen J. Priestley, Simon Young and Ralf G. Heine
Pediatrics 2011; 128; 771
 
El descubrimiento de una solución de rehidratación oral (SRO) en 1968 fue uno de los principales avances en el tratamiento de la gastroenteritis aguda. La terapia de rehidratación oral (TRO) ha sido aclamada como uno de los descubrimientos médicos más importantes, porque redujo drásticamente las tasas de mortalidad global de los niños con deshidratación aguda. La TRO facilita la mayor absorción activa y pasiva de agua intestinal a través del transportador de sodio-glucosa 1. En comparación con la rehidratación por vía intravenosa, la TRO se asocia con una reducción del riesgo de complicaciones, tales como desequilibrios electrolíticos, edema cerebral, o flebitis. Por lo tanto, la TRO se recomienda como el tratamiento de elección para los niños con gastroenteritis aguda y deshidratación moderada. Desde la introducción de una vacuna contra el rotavirus, las tasas de hospitalización para el tratamiento de la gastroenteritis aguda han disminuido en muchos países desarrollados. En los mismos, las tasas de muerte por deshidratación aguda generalmente son bajas. Sin embargo, la deshidratación secundaria a gastroenteritis viral sigue siendo una causa importante de morbimortalidad en todo el mundo.

La Academia Americana de Pediatría recomienda la rehidratación nasogástrica rápida (RNR) por 4 horas para el tratamiento de niños con gastroenteritis viral y deshidratación moderada. El régimen de tratamiento en el Hospital de Niños Royal de Melbourne, Australia, antes del estudio, incluía la admisión en el hospital y la rehidratación durante 24 horas, con la sustitución del déficit de líquido estimado en 6 horas y la administración de los requerimientos de fluidos de mantenimiento de 24hs en las siguientes 18 horas (es decir, rehidratación nasogástrica standard [RNS]). La RNR ofrece varios beneficios, incluyendo un acortamiento de la estadía en el hospital y menor interrupción de la rutina familiar. La eficacia clínica de los dos regímenes nunca había sido formalmente comparada. Por lo tanto, el objetivo del estudio fue comparar la seguridad y la eficacia de los 2 regímenes de rehidratación nasogástrica en niños con gastroenteritis aguda. Los autores plantearon la hipótesis de que la RNR sería igual de efectiva que la RNS (no inferior) en el tratamiento de los niños con gastroenteritis aguda y deshidratación moderada.
Métodos
Selección, reclutamiento, y progreso del estudioEl estudio se realizó como un ensayo clínico aleatorizado, prospectivo, en 2 hospitales escuela pediátricos metropolitanos de Melbourne, Australia. El Comité de Ética e Investigación del Hospital de Niños Royal aprobó el estudio y se obtuvo consentimiento informado por escrito de los padres.

Durante el período de estudio de 18 meses, todos los niños con gastroenteritis aguda que se presentaron en el servicio de emergencias (SE) fueron examinados. Se definió gastroenteritis aguda viral como la aparición repentina de diarrea sin sangre (>2 deposiciones líquidas en un período de 24 horas) por 7 días o menos, con o sin vómitos. Los criterios de inclusión para la participación en el estudio fueron: presencia de deshidratación moderada (definida con una puntuación de deshidratación de 3 a 6), edad entre 6 y 72 meses, diarrea por menos de 7 días, residencia en un área cubierta por el servicio de “Hospital en el Hogar” (HEEH) (determinado en base a los códigos postales), y consentimiento informado de los padres por escrito. Los criterios de exclusión fueron: presencia de deposiciones con sangre, ausencia de diarrea (solo vómitos), otra comorbilidad significativa, o una puntuación de deshidratación ≤2 o ≥ 7.
Realización del estudioEn el momento de la presentación del paciente en el SE, un equipo de investigación independiente (formado por enfermeras, becarios de emergencia, registradores, y miembros de alto rango del personal de emergencia) fue informado de la llegada del niño. Una enfermera dedicada a la clasificación les dio a los padres una hoja de información sobre el estudio. El equipo clínico de admisión examinó al niño y evaluó el grado de deshidratación, mediante el uso del sistema de puntuación de deshidratación descripto por Gorelick y colaboradores. El equipo de investigación obtuvo el consentimiento informado de los padres y recogió los datos demográficos y fisiológicos iniciales (peso del niño desnudo al momento del ingreso, frecuencias cardiaca y respiratoria, y temperatura timpánica). Si el niño cumplía con los criterios de inclusión y los padres daban su consentimiento, entonces el niño se asignaba al azar a recibir ya sea RNR o RNS.
Regímenes de rehidratación oral y monitoreo de seguimientoLos pacientes recibieron una SRO sin sabor conteniendo 60 mmol/L de sodio, 20 mmol/L de potasio, 40 mmol/L de cloruro, 10 mmol/L de citrato, y 111 mmol/L de glucosa (Gastrolyte [Aventis Pharma, Lane Cove, Australia]). No se utilizaron antieméticos o medicamentos antidiarreicos. La RNS determinó la admisión hospitalaria, donde el déficit de líquido estimado (aproximadamente 5%-7% del peso corporal) fue reemplazado por la administración de SRO en 6 horas, a una velocidad constante, a través de un sonda nasogástrica. Se reevaluaron los signos de deshidratación de los pacientes después de las 6hs.  El requerimiento de líquido de mantenimiento de 24 horas se administró luego en las siguientes 18 horas. Cuando fue necesario, los médicos ajustaron el volumen de rehidratación para reflejar el curso de las pérdidas gastrointestinales. Los médicos no estuvieron ciegos al tratamiento asignado.

La RNR consistió en 100 mL/kg de SRO, que se administró en más de 4 horas (25 mL/kg por hora) en el servicio de emergencias. El paciente luego fue dado de alta del hospital y fue controlado por una enfermera al día siguiente, ya sea en una visita domiciliaria o mediante una llamada telefónica a las 24 horas. Durante las visitas de la enfermera del HEEH, los niños fueron pesados y evaluados con respecto al estado clínico general (signos de deshidratación), líquido consumido y pérdidas presentadas.

Los padres de ambos grupos de tratamiento recibieron las hojas de información sobre gastroenteritis. Los niños ingresados al hospital para el régimen de RNS recibieron cuidados standard de enfermería y de atención clínica. El equipo de investigación no participó en las decisiones clínicas sobre readmisión, modificaciones del régimen de líquidos una vez que se completó la rehidratación inicial, o en la decisión de cambiar a rehidratación por vía intravenosa.
Valoración de la gravedad de la gastroenteritis y del grado de deshidrataciónSe utilizó el sistema de puntuación descrito por Flores y colaboradores para evaluar la gravedad de la gastroenteritis viral. Las puntuaciones se basan en los síntomas de  gastroenteritis viral, incluyendo duración de la diarrea (en días), número máximo de deposiciones diarreicas en 24 horas, duración de los vómitos (en días), temperatura rectal >38,1 °C, presencia de deshidratación > 5%, y necesidad de ingreso hospitalario (Escala de puntuación: 2-14). La gravedad de la deshidratación se clasificó de acuerdo con el sistema de puntuación descrito por Gorelick y colaboradores. 

Estas puntuaciones se basan en 10 signos clínicos de deshidratación (fontanela hundida, taquicardia, aumento del tiempo de relleno capilar, debilidad del pulso, respiración anormal, mucosas secas, oliguria, disminución de la turgencia de la piel, ausencia de lágrimas, y aspecto general alterado); los elementos se clasifican como presentes o ausentes (rango de puntuación 0 -10). Para los efectos del presente estudio, la deshidratación moderada se definió con puntuaciones entre 3 y 6. Los niños con deshidratación leve (puntuación de 0-2) o deshidratación severa (puntuación de 7-10) no fueron enrolados en el estudio.
Medición del peso corporal y datos fisiológicosSe contó con cuatro conjuntos de balanzas que se utilizaron exclusivamente para el estudio. Cada conjunto de balanzas se calibró diariamente. Cada niño fue pesado en 4 ocasiones, es decir, al comienzo del estudio (peso basal), después de 4 horas para la RNR o de 6 horas para la RNS, a las 24 horas, y a los 7 días después del ingreso ("peso adecuado"). Los datos fisiológicos y clínicos fueron evaluados por el equipo médico al momento de la presentación. El peso desnudo, la puntuación de deshidratación, y los datos fisiológicos fueron registrados por el equipo de investigación durante el reclutamiento, a las 4 horas de la RNR y a las 6 horas de la RNS, a las 24 horas después del reclutamiento, y una semana después de la presentación.
Resultados del estudio Los resultados del estudio fueron evaluados por un miembro del equipo de investigación que no estuvo ciego a la asignación del tratamiento. Se definió como fracaso primario del tratamiento a una pérdida adicional >2% en cualquier momento durante el proceso de rehidratación, en comparación con el peso de admisión.  Se definió como fracaso secundario del tratamiento a la incapacidad para tolerar la inserción de la sonda nasogástrica, presencia de vómitos frecuentes o persistentes, inicio de rehidratación intravenosa, persistencia de signos de deshidratación moderada (> 3 signos clínicos), necesidad de fluidos por sonda nasogástrica  por más de 24 horas (RNS solamente), o colapso circulatorio inminente.
Cálculo del tamaño muestralEl cálculo del tamaño muestral se basó en el supuesto de que la RNR no es peor que la RNS para el tratamiento de la deshidratación moderada (ensayo de no inferioridad).  Un ensayo de rehidratación previo definió al fracaso del tratamiento como la pérdida de peso > 2%. En ese estudio la falla del tratamiento se produjo en el 3,8% de los pacientes (intervalo de confianza 95% superior: 11,6%). A los efectos del cálculo del tamaño muestral, los autores asumieron tasas de fracaso primario del 4% en ambos grupos de tratamiento. Con el uso del método de Newcombe-Wilson, se requirieron 250 niños en cada brazo de tratamiento para demostrar que el intervalo de confianza de dos caras (IC) por la diferencia en las tasas de fracaso primario no se extendería más del 6% en cada dirección (potencia: 80%; α=0,05).
AleatorizaciónLa aleatorización y la organización del proceso fueron supervisadas por un miembro del equipo de investigación, quien no estuvo involucrado directamente en la atención clínica de los pacientes en el SE. La computadora generó una lista de aleatorización, mediante el uso de bloques de 6. Los datos de asignación de grupo de tratamiento se almacenaron de forma segura en el SE, en sobres numerados secuencialmente, opacos, cerrados. La asignación de grupo se mantuvo oculta hasta que se obtuvo el consentimiento de los padres.
Análisis de datosLos datos fueron registrados en una historia clínica y fueron tratados con estricta confidencialidad.  El análisis por protocolo de los resultados clínicos se realizó utilizando el programa SPSS (SPSS Inc, Chicago, IL). El análisis utiliza el test de X2 o la prueba exacta de Fisher para datos categóricos, el t test de Student para datos continuos y la prueba de Mann-Whitney para datos no paramétricos. Los datos fueron presentados como medias o proporciones con un IC del 95%.
Resultados
Grupos de EstudioDe 9.331 pacientes examinados por gastroenteritis, 7.988 (85,6%) tenían sólo una deshidratación leve y se trataron con rehidratación oral en el hogar. Se identificaron 377 pacientes elegibles con deshidratación moderada, de los cuales 254 (67,4%) fueron incluidos en el estudio; 132 (52,0%) fueron asignados al azar para recibir RNR y 122 (48,0%) para RNS. Un total de 26 pacientes fueron excluidos después de la aleatorización por violaciones al protocolo o por no comenzar el tratamiento al azar. El análisis final por protocolo se basó en los restantes 228 pacientes (RNR: 119 pacientes; RNS: 109 pacientes).

El reclutamiento no alcanzó el número de pacientes estimado en el cálculo del tamaño muestral. La razón principal de este bajo reclutamiento fue el hecho de que el número de pacientes con deshidratación moderada que se presentaron en el SE fue significativamente inferior al previsto, porque la gran mayoría de los pacientes entrevistados tenían sólo una deshidratación leve. Las razones por las que los pacientes elegibles no se enrolaron incluyeron la imposibilidad de obtener el consentimiento de los padres o bien que se presentaran al SE a la noche o los fines de semana, cuando el equipo de investigación no estaba disponible.

La media de edad de la cohorte de reclutados (n=228) fue de 25± 0,1 meses (rango: 6-71 meses). Hubo 124 pacientes del sexo masculino (54,4%). No hubo diferencias significativas entre los grupos con respecto a edad, sexo, gravedad de la diarrea, grado de deshidratación, peso de admisión, o parámetros fisiológicos.
Resultados primariosTodos los pacientes en el estudio tuvieron una completa recuperación luego de la gastroenteritis, y no hubo efectos adversos graves o episodios de colapso circulatorio. Con el uso de la definición de fracaso primario del tratamiento descrito por Mackenzie y Barnes, 14 niños (11,8% [IC 95%: 6,0% -17,6%]) en el grupo de RNR y 10 niños (9,2% [IC 95%: 3,7% -14,7%]) en el grupo RNS experimentaron una pérdida de peso >2% durante el período de estudio (X2 0.405;  p=0,52). En general, esto representa una diferencia en las tasas de fracaso primario del tratamiento entre grupos del 2,6% (IC 95%: 5,3% - 10,5%). No hubo diferencias significativas en las medidas de resultado primarias en ningún momento durante el estudio.
Resultados SecundariosEn base a los criterios secundarios de fracaso del tratamiento a las 4 a 6 horas, no hubo diferencias significativas entre los dos regímenes de rehidratación (27 de 119 vs. 29 de los 109 niños; X2=0,471; p=0,49). A las 24 horas y a los 7 días después de la admisión, sin embargo, el fracaso secundario del tratamiento fue más frecuente en el grupo con RNS (RNR: 36 [30,3%] de 119 niños; RNS: 48 [44,0%] de 109 los niños; X2 =4,64; p=0,03). Se requirió inserción de una cánula intravenosa en 7 (5,9% [IC 95%: 2,9% -11,7%]) de los 119 pacientes que recibieron RNR y en 5 (4,9% [IC 95%: 2,0% -10,3%]) de los 109 pacientes que recibieron RNS (X2=0,191; p=0,66). Los vómitos persistentes fueron la razón más común (6 [50,0%] de 12 pacientes) para el tratamiento con líquidos por vía intravenosa, aunque sólo 9 pacientes (3,9%) en el estudio experimentaron el fracaso de la rehidratación nasogástrica debido a los vómitos. No hubo diferencias entre grupos en las tasas de vómitos persistentes como causa de fracaso secundario del tratamiento (RNR: 6 de 119 pacientes; RSN: 3 de 109 pacientes; p=0,38). El tiempo utilizado en el cuidado sanitario desde el ingreso hasta el alta fue similar para los dos grupos (incluyendo RNR HEEH: 35,5 horas [IC 95%: 29,2-41,8]; RNS: 37,4 horas [IC 95%: 33,9-40,9]).

De los 119 niños que fueron asignados al azar para recibir RNR, 36 (30,3%) requirieron ingreso hospitalario. Después de la fase de rehidratación inicial, 27 pacientes (22,7%) no pudieron ser dados de alta del hospital desde el SE. En las evaluaciones a las 4 horas después de la RNR, 14 pacientes (11,8%) fueron considerados como moderadamente deshidratados, con más de 3 signos clínicos. De esos pacientes, 7 tuvieron una pérdida de peso >2% (fracaso del tratamiento primario). Nueve pacientes (7,6%) fueron readmitidos en el hospital a las 24 horas a causa de signos clínicos de deshidratación (n=8) o vómitos persistentes (n=1). El paciente con vómitos persistentes fue tratado con fluidos endovenosos, y todos los otros pacientes que fueron readmitidos a las 24 horas fueron tratados con éxito con RNS. Aparte de la deshidratación, las razones del fracaso secundario del tratamiento con RNR a las 4 y 24 horas incluyeron vómitos persistentes (n=6), preocupación de los padres y solicitud de RNS (n=3) o rehidratación por vía intravenosa (n=1), y falta de tolerancia a la sonda nasogástrica (n=1). Tres pacientes (2,5%) fueron cambiados a RNS por el equipo tratante debido a la pérdida significativa de líquido. No hubo reingresos luego de las 24 horas de la admisión inicial en el SE.

De los 109 pacientes que fueron asignados al azar para recibir RNS, 29 (26,6%) fueron clasificados como que experimentaron fracaso secundario del tratamiento a las 6 horas. Dentro de las razones para el fracaso del tratamiento se incluyó a la deshidratación moderada en curso (n=25), por lo cual 2 pacientes requirieron rehidratación por vía intravenosa. Los vómitos persistentes llevaron a un fracaso secundario del tratamiento en 3 pacientes (2,8%). En el grupo de RNS cuatro pacientes requirieron líquidos por vía intravenosa dentro de las 6 horas después del ingreso hospitalario. Diez pacientes (9,2%) fueron evaluados por cursar con importantes pérdidas de líquido o una inadecuada ingesta de líquidos por vía oral a las 24 horas y siguieron recibiendo líquidos por sonda nasogástrica más allá de las 24 horas.
Aumento de peso y signos de deshidrataciónEn el grupo de RNS, hubo una tendencia hacia una mayor puntuación de deshidratación a las 6 horas después del ingreso. Las puntuaciones de deshidratación a las 24 horas y a los 7 días fueron similares para los 2 regímenes de rehidratación. De 4 a 6 horas después de la fase de rehidratación inicial, el aumento de peso fue significativamente mayor para el grupo con RNR (p<0.001). A las 24 horas, ambos grupos habían perdido peso, pero el grupo RNS mantuvo de manera significativa una mejor hidratación, en comparación con el grupo RNR (P< 0.001). En la evaluación final de seguimiento después de una semana, las ganancias de peso fueron similares para los 2 grupos.
Discusión
El presente estudio clínico aleatorizado compara 2 regímenes de rehidratación nasogástrica en  niños de 6 meses a 6 años de edad con gastroenteritis viral aguda y deshidratación moderada. El mismo no encontró diferencias entre los dos regímenes de rehidratación en términos de  resultados de eficacia y seguridad examinados. Los 228 niños en el estudio fueron tratados con éxito y lograron una recuperación completa, independientemente del tratamiento asignado. No hubo eventos adversos graves. El fracaso primario del tratamiento, definido como la pérdida de peso > 2% entre la presentación y cualquier punto del tiempo durante el estudio, se produjo en tasas similares en los niños sometidos a rehidratación de 4 horas en el SE y en los sometidos a rehidratación durante 24 horas en el hospital. La diferencia en la tasa de fracaso primario del tratamiento fue de 2,6% a favor de la RNS. Debido al reclutamiento incompleto, sin embargo, los intervalos de confianza fueron demasiado grandes para una evaluación fiable. Por lo tanto, el estudio no pudo demostrar la no inferioridad de RNR frente a la RNS. La tasa de fracaso secundario fue significativamente mayor en la RNS, en parte por las decisiones de tratamiento de los miembros del personal médico de continuar la rehidratación nasogástrica más de 24 horas en el hospital.

La rehidratación oral o nasogástrica es altamente eficaz para el tratamiento de pacientes con gastroenteritis moderada. Un meta-análisis realizado por Gavin y col. definió al fracaso de la terapia de rehidratación oral como la "necesidad de volver a la terapia intravenosa" y reportó una tasa de fracaso general del 3,6% (IC 95%: 1,4% -5,8%). El presente estudio encontró tasas un poco mayores de canalización intravenosa del 5,9% para RNR y de 4,9% para RNS; sin embargo, estas tasas siguen alineadas muy de cerca con los intervalos de confianza de los meta-análisis.  A pesar de que los vómitos persistentes por lo general no se oponen a la rehidratación nasogástrica, esta fue la razón de la mitad de las inserciones de vías intravenosas no programadas (6 de 12 inserciones) en el estudio. Tres pacientes adicionales que permanecieron clínicamente deshidratados después de la fase de rehidratación inicial de 4 a 6 horas también fueron tratados con líquidos intravenosos (RNS: 2 pacientes; RNR: 1 paciente). Las tres restantes inserciones de cánula intravenosa en el estudio se debieron a la falta de tolerancia a la sonda nasogástrica (1 paciente), y a la preocupación de los padres con solicitud de rehidratación por vía intravenosa (2 pacientes).  En el presente estudio, la decisión de cambiar a la vía intravenosa para la restitución de líquidos estuvo a cargo del equipo de tratamiento clínico, y podría haber sido proclive al sesgo ya que no se ocultó la asignación del tratamiento.

La evaluación del grado de deshidratación se basó en un sistema de puntuación clínica validada y en mediciones seriadas del peso corporal. El peso corporal fue la base del resultado del tratamiento primario, y se tuvo gran cuidado para obtener mediciones consistentes precisas. Los pacientes se pesaron en el mismo conjunto de balanzas calibradas para reducir imprecisiones entre las mismas. Además, el equipo de investigación no estuvo directamente implicado en la atención clínica, lo que redujo el sesgo de realización. Los médicos que evaluaron a los pacientes por deshidratación y tomaron decisiones sobre la readmisión al hospital no estaban cegados a la asignación del tratamiento. La tendencia de los médicos a sobreestimar la deshidratación es bien reconocida. Se constató que los " buenos pesos" en la revisión de los 7 días fueron aproximadamente entre 3% y 4% superiores al peso de admisión, siendo menores que el 5% al 10% previsto en general para la rehidratación moderada. Esa diferencia es de similar magnitud a la que se encuentra en otros estudios y puede ser explicada, en parte, por la pérdida de grasa de la masa corporal como consecuencia de la reducción de la energía y la ingesta de proteínas, mayores pérdidas intestinales, y el aumento de los requisitos nutricionales para la regeneración mucosa durante la enfermedad. Además, la pérdida real del peso corporal en la deshidratación moderada puede ser menor que la que generalmente se supone.

El presente estudio tiene varias limitaciones. Aparte de los horarios de rehidratación, las decisiones clínicas no se basaron en el protocolo y se dejaron a cargo del equipo médico tratante. Debido a la naturaleza de los tratamientos, el cegamiento de las intervenciones no fue posible. Esto podría haber introducido un sesgo en los equipos médicos tratantes o en los padres a favor de una intervención en particular. A pesar de que los 2 grupos recibieron hojas médicas similares y asesoramiento médico de los miembros del personal del SE, los padres y los miembros del personal médico podrían haber percibido a la RNR como menos eficaz que la rehidratación de 24 horas en el hospital (RNS fue la práctica clínica establecida en el tiempo). Por el contrario, los miembros del personal del hospital podrían haber prolongado la rehidratación nasogástrica en la internación para los pacientes con pérdidas significativas de líquidos, ya que el seguimiento HEEH no era una vía clínica establecida. En el presente estudio, aproximadamente el 10% de los pacientes tratados con RNS recibieron líquidos por sonda nasogástrica más allá de 24 horas.

Debido a que este estudio no alcanzó el tamaño muestral requerido, la comparación de no inferioridad entre RNR y RNS no ha arrojado resultados concluyentes. Sin embargo, el estudio todavía proporciona información clínica útil acerca de los dos regímenes de rehidratación. La RNR fue exitosa en el 70% de los pacientes, mientras que el 30%, o bien no se dio de alta del SE o fue readmitido en el hospital dentro de las 24 horas. Sólo en el 5,9% de los pacientes tratados con RNR fue necesaria la reposición de líquidos por vía intravenosa. Por lo tanto, la RNR en el SE proporciona una alternativa útil a la rehidratación por sonda nasogástrica de 24 horas en el ámbito hospitalario. La menor necesidad de hospitalización es probable que esté asociada con importantes beneficios clínicos y económicos, incluyendo la reducción del riesgo de infección nosocomial cruzada. El costo de la atención primaria o el seguimiento de HEEH, que era una parte integral de la intervención RNR, debe tenerse en cuenta como parte de la evaluación económica. Sin embargo, el análisis económico detallado de cualquiera de los regímenes de rehidratación estuvo más allá del alcance del presente estudio.
Conclusiones
La RNR debe ser considerada como una alternativa a la RNS en los niños (6 -72 meses de edad) con deshidratación moderada atribuible a gastroenteritis viral. El estrecho control de seguimiento después del alta del SE es obligatoria, para detectar pérdidas gastrointestinales o empeoramiento de la deshidratación. Para los pacientes que fueron readmitidos luego de las 24 horas de la RNR, el segundo período de rehidratación nasogástrica por lo general fue efectivo; la rehidratación por vía intravenosa se requirió sólo para un pequeño número de pacientes. Se han utilizado agentes antieméticos, como el ondansetron, en el SE para mejorar la eficacia de la vía oral o la rehidratación nasogástrica. Se requieren ensayos clínicos adicionales para evaluar el papel de los medicamentos antieméticos como un complemento de la RNR en los niños pequeños.
Comentario: La instauración de un adecuado tratamiento inicial de la deshidratación secundaria a gastroenteritis aguda es fundamental para disminuir las complicaciones y la morbilidad de una de las patologías más frecuentes en la infancia.  Es importante destacar el rol de las sales de rehidratación oral en la terapéutica de la deshidratación, ya sea administradas por vía oral o por sonda nasogástrica en forma rápida o en 24hs.  Serán necesarios más ensayos clínicos controlados aleatorizados y de costoefectividad para lograr una estandarización de su uso en diferentes contextos socioeconómicos.

♦ Resumen y comentario objetivo: Dra. María Eugenia Noguerol

Infección urinaria en niños y enfermedad renal crónica


19 DIC 11 | ITU
Infección urinaria en niños y enfermedad renal crónica
Efecto de las infecciones urinarias infantiles en el desarrollo de enfermedad renal crónica.

Dres. Jarmo Salo, Risto Ikäheimo, Terhi Tapiainen, Matti Uhari
Pediatrics 2011, 128; 840
 
Las infecciones del tracto urinario (ITU) están entre las infecciones bacterianas más frecuentes de la infancia, y 2% al 5% de los niños experimentan ≥ 1 antes de la pubertad. Las ITU infantiles causan cicatrización renal y es firme que conducen luego a insuficiencia renal, sobre todo en  presencia de reflujo vesicoureteral (RVU). Por lo tanto, los niños son sometidos después de la primera ITU a imágenes radiológicas y a profilaxis antibiótica a largo plazo si se encuentra RVU grado III a V. Se piensa que la consecuencia más grave de las ITU infantiles es la enfermedad renal crónica (ERC), pero la evidencia que muestra una asociación entre las ITU en la niñez, el daño renal y la enfermedad renal crónica en los niños con estructura renal normal es escasa.

La proporción etiológica de las ITU de la infancia que representa una causa de ERC todavía no es bien conocida. Existen sólo unos pocos informes de seguimiento disponibles sobre pacientes que presentaron infecciones urinarias en las décadas previas. En base a la experiencia clínica de los autores, la impresión es que las ITU infantiles son una causa rara de enfermedad renal crónica en la edad adulta. El objetivo de este estudio fue determinar la proporción etiológica de las ITU infantiles que representa una causa principal de ERC.
Métodos
Fuentes de datosEn primer lugar, se buscaron pruebas de una relación causal entre las ITU infantiles y la ERC mediante la realización de una revisión sistemática de la literatura. En segundo lugar, se analizaron las causas de ERC entre todos los pacientes vivos que fueron monitoreados o tratados en los departamentos de medicina interna y pediatría del Hospital Universitario Oulu, Finlandia. En tercer lugar, se analizaron las causas de ERC entre los pacientes que murieron antes de la entrada al estudio mientras se sometían a terapia de reemplazo renal (TRR). Para identificar anomalías renales congénitas, los autores revisaron sistemáticamente los resultados de los primeros estudios de imágenes renales para detectar anomalías estructurales. El RVU no se consideró como una anomalía estructural.
Revisión de la literaturaSe llevó a cabo una búsqueda sistemática de la literatura a través de la base de datos PubMed para el período comprendido entre enero de 1966  y agosto de 2009, utilizando los términos de búsqueda "falla renal crónica", "insuficiencia renal crónica", o "uremia” e "infecciones del tracto urinario", "pielonefritis", o "cistitis". Las búsquedas se limitaron al idioma inglés y a seres humanos, y fueron combinadas. Todos los títulos y resúmenes encontrados fueron revisados, y los artículos que incluso sólo posiblemente trataban la relación causal entre las ITU de la infancia y el daño renal crónico fueron leídos y evaluados. Los artículos se incluyeron si informaban la presencia de ITU infantiles en pacientes con ERC, o consecuencias renales clínicamente significativas a largo plazo de las ITU de la infancia. Se excluyeron los artículos relativos solamente a pacientes con malformaciones congénitas. Las revisiones y los artículos incluidos fueron evaluados manualmente para obtener referencias adicionales. Un médico dirigió la búsqueda bibliográfica, y el grupo de estudio evaluó los artículos y decidió sobre la inclusión o la exclusión de los mismos. El enfoque de la revisión estuvo en el número de ITUs en la infancia y  en los resultados de las imágenes renales de los pacientes con ERC sin una causa no infecciosa definitiva.
Pacientes localesSe revisaron los registros hospitalarios de todos los 366 pacientes que fueron tratados o controlados por ERC en el Hospital de la Universidad de Oulu (que sirve a un área con 384.000 habitantes) en 2005–2006. Se estimaron las tasas de filtración glomerular mediante el uso de la modificación de la dieta en el método de enfermedad renal, y se definió a la ERC en base a una tasa de filtración glomerular estimada de < 40 ml/minuto por 1,73 m2 o a una enfermedad renal con requerimiento de TRR (hemodiálisis, diálisis peritoneal o trasplante renal) por > 3 meses.

Los 308 pacientes que tenían una causa no infecciosa definida para la ERC (por ejemplo, glomerulonefritis o nefropatía diabética) fueron excluidos de la investigación. Los pacientes con RVU, nefroesclerosis, o enfermedades o malformaciones que afectan a sólo un riñón se incluyeron en el análisis de revisión. Los restantes 58 pacientes fueron solicitados para las entrevistas; 54 (92%) de ellos dieron su consentimiento informado y completaron un cuestionario estructurado sobre ITUs en la infancia. También se revisaron los registros hospitalarios de los 4 pacientes que no quisieron ser entrevistados. Las historias clínicas de los 54 pacientes que dieron su consentimiento informado se obtuvieron de los centros de salud comunitarios donde habían sido tratados o monitoreados antes de la edad de 16 años. Los pacientes y sus registros fueron identificados en base a sus números individuales de seguridad social, los cuales han sido entregados a los ciudadanos finlandeses desde 1964.
Datos del registroLos datos sobre los pacientes bajo TRR se recogieron del Registro Finlandés de Enfermedades del Riñon, que se ha estimado cubre el 97% a 99% de los pacientes finlandeses que han recibido TRR desde 1964. A partir de este registro, se recogieron los diagnósticos de los pacientes que fallecieron antes del comienzo del estudio.
Aprobación éticaEl protocolo de estudio fue aprobado por el Comité de Ètica del Hospital del Distrito Ostrobotnia Norte (Oulu, Finlandia).
Resultados
Revisión de la literaturaLa búsqueda sistemática de la literatura produjo un total de 781 artículos, y se utilizaron los títulos y resúmenes para elegir 39 para una evaluación posterior. Finalmente, se hallaron 10 artículos, informando resultados para 1576 pacientes, sobre ITU en la infancia en pacientes con ERC o  de consecuencias clínicamente significativas a largo plazo de las infecciones urinarias infantiles.

Ninguno de los estudios fue diseñado para evaluar la fracción etiológica de las ITU en la infancia como una de las causas de ERC, y en ninguno de los informes se pudieron calcular las cifras de incidencia basadas en población. Las series de pacientes se reportaron de los hospitales de tercer nivel que sirven a grandes poblaciones.

Cuatro de los artículos describieron el control de seguimiento prospectivo de los pacientes con ITU y con riesgo de complicaciones (por ejemplo, cicatrices renales o RVU) en la infancia. No se describieron a los pacientes con malformaciones obstructivas en esos artículos. Los estudios incluyeron un total de 435 pacientes, cuyas edades al final de los períodos de seguimiento fueron entre 7 y 52 años. Cinco de esos 435 pacientes (pacientes A-E), desarrollaron ERC antes de que finalice el período de seguimiento. Todos tenían severas cicatrices renales bilaterales en la primera exploración de los riñones, y 3 ya tenían insuficiencia renal en la infancia. Además de los 5 pacientes, una niña con cicatrices renales bilaterales severas y alteración de la función renal en la infancia murió como consecuencia de una hemorragia cerebral no controlada atribuible a  hipertensión no controlada a la edad de 25 años.

Los seis estudios restantes examinaron las causas de ERC para un total de 1.141 pacientes consecutivos que fueron remitidos a las unidades de nefrología de los hospitales. De esos pacientes, 934 tenían una causa no infecciosa definitiva para ERC. Entre los 207 restantes, sólo 17 habían experimentado síntomas de ITU en cualquier momento. Siete de los 17 pacientes (pacientes F-L) habían experimentado ITU sintomáticas en la infancia. Cuatro de ellos mostraron anomalías estructurales renales en su primer estudio por imágenes. Los 3 pacientes restantes tenían pielonefritis crónica diagnosticada en la edad adulta, en 2 casos a través de biopsia. Las estructuras de sus riñones en la infancia no fueron evaluadas o reportadas. En conclusión, sólo  3 de los 1.576 pacientes (pacientes J-L) en la búsqueda literaria tuvieron ITU infantiles como una posible causa de ERC. Sin embargo, no hubo información disponible sobre el estado de sus estructuras renales antes de la recurrencia de las infecciones urinarias.
Pacientes localesEn la revisión de los datos de los pacientes con ERC en el Hospital de la Universidad de Oulu, 13 de los 58 pacientes sin una causa no infecciosa específica de ERC tenían una historia de ITU sintomáticas en la infancia. Todos ellos tenían anormalidades estructurales renales en su primer estudio por imágenes, la mayoría de los cuales fueron realizados en la infancia (5 pacientes) o en la adultez temprana (4 pacientes). Se diagnosticó RVU (que no fue considerado una anomalía estructural) en 3 pacientes. Seis de los 13 pacientes mostraron obstrucción uretral o anomalías congénitas lo suficientemente graves como para causar insuficiencia renal, sin otro tipo de factores contribuyentes. Cuatro de los 7 pacientes restantes presentaron riñones displásicos o hipoplásicos en sus primeros estudios por imágenes, y experimentaron sólo 1 o 2 ITU durante la infancia pero ITU recurrentes en la edad adulta. En 3 pacientes (pacientes 8, 10 y 11), las ITU recurrentes durante la infancia posiblemente contribuyeron significativamente al desarrollo posterior de la ERC. Sus estructuras renales fueron anormales al primer examen, y esas anomalías podrían haber sido observadas a través de ecografía.

De los 3 pacientes, una mujer de 46 años de edad (paciente 8) había experimentado ITU febriles recurrentes durante la infancia. Además, ella había experimentado ITU recurrentes que requirieron profilaxis antimicrobiana en la adultez temprana. Su riñón izquierdo era hipoplásico y el derecho tenía cicatrices en su primer examen renal, a la edad de 20 años. Ella recibió un trasplante renal a la edad de 39 años. El segundo paciente era una mujer de 52 años de edad (paciente 10) que había sufrido tres infecciones urinarias en la infancia. Ella exhibió un riñón izquierdo hipoplásico e hidronefrosis y cálices deformes en el riñón derecho en su primer estudio urográfico, a la edad de 11 años. Ella también había sufrido de hipertensión ya a la edad de 11 años, y se removió su riñón izquierdo debido a hipertensión arterial no controlada a la edad de 13 años. Ella recibió un trasplante renal a los 44 años de edad. El tercer paciente era una mujer de 60 años (paciente 11) que había experimentado ITU recurrentes en la infancia y exhibió un riñón hipoplásico en su primer estudio por imágenes, a la edad de 30 años. Ella recibió un trasplante renal a la edad de 55 años. Si se considera a las ITU de la infancia como un factor contribuyente para ERC en esta tercer paciente, entonces la fracción etiológica de las ITU recurrentes de la infancia como una de las causas de ERC sería, como máximo, de 1 de cada 366 (0,3%).
Datos del RegistroSegún el Registro Finlandés de Enfermedades del Riñón, ninguno de los pacientes en el área del Hospital de la Universidad de Oulu que nacieron después de 1960 tuvo ERC relacionada con ITU en la infancia y murió antes del inicio del estudio.
Discusión
En la búsqueda bibliográfica, no se encontraron pacientes entre los 1576 casos revisados para los cuales las ITU infantiles fueran la principal causa de ERC posterior. Todos los pacientes que habían experimentado ITU en la infancia y que desarrollaron ERC demostraron anomalías estructurales renales en sus primeros estudios por imágenes. Sin embargo, hubo 3 pacientes con ITU infantiles para los que los resultados de los estudios por imágenes renales no fueron informados. De los 366 pacientes vivos con ERC que fueron controlados en el hospital de los autores, sólo tres habían experimentado ITU recurrentes en la infancia que posiblemente hayan contribuido al desarrollo de la ERC. Esos tres pacientes mostraron riñones estructuralmente anormales ya en sus primeros exámenes renales. Cuando se calcularon las cifras de ocurrencia basadas en población a partir de los datos hospitalarios, la fracción etiológica de las ITU infantiles como causa de ERC en la edad adulta fue < 1%.

Porque se piensa que las ITU recurrentes en la infancia, especialmente junto con el RVU, pueden conducir al desarrollo de cicatrices renales, hipertensión y falla renal, los estudios por imágenes son recomendados rutinariamente y realizados después de la primera ITU, para identificar anomalías de las vías urinarias y RVU.

Sin embargo, la concepción actual de las ITU infantiles como un factor de riesgo para falla renal se basa en estudios de series de pacientes determinados. De acuerdo con los resultados de los autores, el RVU con ITU sin anomalías estructurales renales parece no causar insuficiencia renal crónica. El tratamiento activo del RVU no parece reducir la ocurrencia de ERC y, en grandes estudios prospectivos de seguimiento, la función renal de los pacientes con RVU ha sido bien preservada. También existe evidencia de que los problemas renales asociados con el RVU primario son más probablemente secuelas de anomalías congénitas tales como la displasia renal que del RVU por sí mismo. No se encontró ningún paciente con ERC con RVU e ITU que tuviera riñones estructuralmente normales en esta serie propia de pacientes.

Es cierto que algunos de los pacientes que experimentaron ITU en la infancia pueden haber tenido riñones estructuralmente normales antes de que se realizaran los estudios por imágenes, aunque esto es poco probable. Es difícil diferenciar entre cicatrices infecciosas e hipoplasia o displasia asociadas con malformaciones congénitas. Un riñón hipoplásico es definido como un riñón morfológicamente normal con reducción de nefronas, ya sea en número o en tamaño. Un riñón displásico es definido como un riñón con un parénquima renal desorganizado resultante de la imposibilidad de someterse a una diferenciación celular normal durante la organogénesis. Debido a que los riñones displásicos a menudo se asocian con malformaciones en otras partes de las vías urinarias, la displasia renal es mejor considerada como una anormalidad de todo el tracto urinario. Dado que las características displásicas puede ser microscópicas y que el tejido displásico puede localizarse como islotes entre el tejido normal, la displasia renal a menudo es imposible de diferenciar de la hipoplasia renal o de las cicatrices infecciosas solo a través de las imágenes. La presencia de riñones pequeños o hipoplásicos en los estudios por imágenes renales entre los pacientes pediátricos con enfermedad renal crónica, probablemente son un signo de displasia renal más que una consecuencia de las UTI. Para los 3 pacientes con ITU infantiles que posiblemente contribuyeron al desarrollo de la ERC en esta serie, los riñones hipoplásicos fueron vistos en sus primeros estudios por imágenes y, en consonancia con sugerencias anteriores, los autores consideran que la mayoría de los pacientes probablemente tenían estos cambios antes de las ITU recurrentes.

Debido a que aproximadamente el 2% al 5% de todos los niños experimentan una ITU en algún momento y que el 20% al 30% de esos niños tienen RVU, muchos niños son sometidos a  imágenes radiológicas repetidas y a profilaxis antibiótica a largo plazo. La dosis media de radiación efectiva de un fluoroscopio para cistouretrografía  es de 0,5 a 1,5 mSv, la dosis de radiación  órgano específica para los ovarios es de 0,5 a 1,5 mGy, y la dosis media de radiación para el apoyo a los adultos es de 0,14 mGy.

Las dosis efectivas dependen de la edad y el tamaño del paciente y se corresponden con un máximo de 6 meses de radiación ambiental en Finlandia. En este estudio, todos los pacientes con ITU en la infancia y ERC tuvieron resultados anormales en el primer estudio renal por imágenes, que podrían haber sido observados a través de la ecografía. Por lo tanto, según estos datos, la ecografía realizada luego de una ITU en la infancia es suficiente para identificar a los pacientes con riesgo de desarrollar ERC. La recomendación actual para la búsqueda activa de RVU conduce a una exposición innecesaria a la radiación, angustia en los pacientes, y cargas en el sistema de salud.

Se analizaron los datos sobre ITU infantiles para la cohorte de todos los pacientes tratados o monitoreados por ERC en el área geográfica distintiva de Finlandia del Norte. Se podría preguntar cuan integral fue la información que los autores han sido capaces de obtener de estas infecciones de décadas anteriores. Los registros de pacientes de los niños finlandeses han estado disponibles desde la década de 1930 (desarrollo de las clínicas de bienestar infantil) y han sido fiables y completos desde 1972 (Ley de Salud Primaria). En la actualidad, el sistema de atención en salud de Finlandia ofrece datos clínicos razonablemente fiables sobre las infecciones urinarias infantiles de los pacientes que eran niños inclusive 50 años atrás.
Conclusiones
En ausencia de anomalías congénitas graves, la fracción etiológica de las ITU de la infancia como causa de enfermedad renal crónica después de la primera infección urinaria infantil parece ser pequeña. Los procedimientos de imágenes después de la primera infección urinaria pueden ser enfocados en la búsqueda de graves anomalías del tracto urinario.
Comentario: Las infecciones del tracto urinario son una patología frecuente en la infancia, con un gran porcentaje de niños que experimentan al menos un episodio antes de llegar a la edad adulta. Si bien es difícil determinar si las ITU por si solas llevan a enfermedad renal crónica, su asociación con reflujo vesicoureteral o con anomalías estructurales congénitas puede favorecer el desarrollo de insuficiencia renal. Por lo tanto, los estudios por imágenes deben estar orientados a la identificación de estas alteraciones, priorizando el uso de la ecografía para evitar la exposición innecesaria de los pacientes pediátricos a la radiación.

♦ Resumen y comentario objetivo: Dra. María Eugenia Noguerol

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